El constructivismo

Los modelos cognitivistas, surgidos en los años 60-70, se caracterizan por su especial atención a la manera en que los seres humanos conocemos nuestro mundo o realidad.

La psicoterapia constructivista se encuadra en el área de las terapias cognitivas. Desde esta perspectiva, la manera de pensar  del individuo es vista como una lente de un color especial, que tiñe todo lo que se ve, y las emociones, como una melodía que acompaña y subraya las experiencias de la persona tal como ésta las vive a partir de su problemática.

Un proceso terapéutico constructivista conlleva dar nuevos significados a las experiencias pasadas y presentes, de manera que se pueda enfocar la realidad desde perspectivas diferentes, más adecuadas para responder a las necesidades actuales y en constante cambio de la persona.

Según el constructivismo, el universo no es objetivamente cognoscible, sino que el individuo está implicado desde su nacimiento en un proceso proactivo de atribución de significado a todos los aspectos de la realidad que le envuelve. Eso significa que todo ser humano contribuye activamente a la construcción de la realidad al percibirla de manera personal y única en base a su experiencia. En este sentido, existen múltiples realidades, y en las sesiones de corte constructivista se presta especial escucha a la manera de entender el mundo y los otros de cada persona. Sólo a partir de haber establecido este tipo de comprensión profunda, el terapeuta está capacitado para influir en el proceso de cambio del cliente, con el cual establece una relación de colaboración.

El concepto de cognición no se ciñe a los contenidos y las estructuras del pensamiento, sino que engloba contenidos verbales y pre-verbales, conductas, emociones, pensamientos y procesos sensoriales. Cada uno de estos componentes constituye una forma de conocimiento. A estas estructuras de contenido se les llama “constructos”, y su forma de manifestarse -verbal, emocional, en forma de imágenes o de pensamientos- depende de su grado de profundidad o con el momento del ciclo vital en que se originaron.

En consecuencia, en la terapia constructivista, además de centrar la atención en la experiencia del presente, se puede ampliar el foco hacia de situaciones del pasado en que esas estructuras se han generado y consolidado.

El constructivismo, además, entiende la cognición como un concepto global, no estableciendo una jerarquía entre sus componentes: los fenómenos cognitivos, emocionales y conductuales son expresiones de procesos sistémicos, que se producen al mismo tiempo y con igual grado de importancia, y se entienden como manifestaciones diferenciadas e interconectadas de un mismo fenómeno.

El malestar psíquico o síntoma es la expresión de los intentos que la persona hace para adaptarse a experiencias, situaciones y relaciones que se alejan de su manera de concebir la realidad y de verse a sí misma. Por ello, en la psicoterapia se pone en marcha un proceso de reconstrucción del sistema de significados del cliente, que aborda por igual todos los componentes de la actividad cognoscitiva del individuo. La manifestación y las experiencias emocionales intensas indican estados de transición en la identidad y acaban generando un cambio en la construcción de la identidad.

Debido a la amplitud de visión de los procesos psicológicos, el terapeuta constructivista dispone de un bagaje de estrategias y técnicas muy rico y diferenciado, no sólo procedentes de su propia orientación teórica, sino también de otras perspectivas como la gestáltica, la conductista i la narrativa.

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