El modelo sistémico

El modelo sistémico se caracteriza por dirigir su atención hacia el sistema familiar, diferenciándose de  las demás concepciones psicológicas que se centran en el individuo. Cada componente del sistema desarrolla una función y ocupa un lugar dentro de la estructura familiar. Cuando uno o más miembros de la familia presenta algún síntoma, el proceso terapéutico se lleva al cabo con varios componentes a la vez, dado que el problema suele ser que las pautas de comunicación del sistema en su totalidad se han vuelto disfuncionales.

Así, el modelo sistémico es adecuado para abordar conflictos interpersonales, pero, también, cualquier malestar psicológico individual que afecta al resto de la familia, generando preocupación o implicación en los otros.

En una sesión de corte sistémico se da voz a todos los participantes, siempre teniendo en cuenta el nivel jerárquico que ocupan en la familia. En general, es aconsejable la presencia de un co-terapeuta, para equilibrar la presencia de dos o más personas. La duración de la sesión es algo mayor de la habitual, con el fin de prestar atención a cada miembro, y permitir realizar una pausa reflexiva, durante la cual los terapeutas llegan a un acuerdo acerca de la elección de las intervenciones.

Una terapia de orientación sistémica se dirige a reformular la posición de cada miembro de la familia, a mejorar la comunicación entre todos, a reestructurar las relaciones entre subsistemas, como, por ejemplo, entre padres e hijos. Así mismo, puede ponerse de manifiesto que los propios intentos de solución de la familia son  los que contribuyen a mantener el estado de bloqueo o estancamiento, indicando que hace falta emprender nuevas estrategias.

La familia es considerada como algo más que la suma de sus miembros, antes bien como un organismo con sus propias pautas de interacción en donde el individuo tiene una posición determinada, interdependiente de los demás componentes.

Su tendencia al equilibrio requiere una adaptación constante a los progresivos cambios que sufre por el propio paso del tiempo y a lo largo del ciclo vital, y por efecto de los cambios exteriores. El  síntoma –o problema psicológico- en uno o más de sus miembros se produce cuando el sistema no puede realizar la adaptación requerida por la situación.

Entender el síntoma como algo propio del sistema y no una expresión del individuo requiere verlo a la luz del concepto de circularidad, según el cual las interacciones de los componentes de la familia influencian y son influenciadas constantemente por lo que hacen, sienten y expresan los demás, en un proceso ininterrumpido.

En este sentido, la comunicación es entendida como algo mucho más complejo que “lo que se dice”, y abarca todos los aspectos no-verbales y las acciones de todos los miembros de la familia, incluidos los silencios, que, a veces, son mucho más significativos de las palabras.

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